domingo, 25 de junio de 2017

La reconquista de Al-Andaluz por los reyes cristianos comienza desde al momento mismo en el que los musulmanes se instalan en la Península  Ibérica tras ocho años de conquista. Es en el año 722 cuando el  ejército cristiano, mandado por don Pelayo,  vence a los musulmanes en Covadonga. Desde este mismo momento se inicia un periodo de reconquista que terminará ocho siglos después, con la toma de Granada por los Reyes Católicos.
 Durante todo este periodo de tiempo, los enfrentamientos entre las dos culturas predominantes en el territorio son continuos y los musulmanes se ven empujados poco a poco hacia el Sur peninsular y arrinconados en el último reducto musulmán del reino de Granada. Es en la segunda mitad del siglo XIII, hacia el 1260, cuando el rey Alfonso X los expulsa  del valle del Guadalquivir y lo mismo hace en estas mismas fechas el rey de Aragón Jaime I. que los expulsa del levante. A Granada comienzan a llegar estas gentes buscando un espacio donde vivir con sus familias. La presión demográfica sobre este reino ya de por si superpoblado, obliga a buscar tierras en donde asentar a esta población. Al sur de Granada la cordillera Penibética aún permanece como espacio natural deshabitado al que sólo visitan, desde la antigüedad  y  esporádicamente, recogedores de esparto, cazadores y pastores trashumantes. 
 Es un territorio de suelo pobre y poco profundo, quebrado y agreste cubierto de bosque mediterráneo.  En las falda de sus sierras. La cabra montés, el jabalí, el conejo la liebre tienen en él su hábitat. A la sierra Tejeda llegaban desde tiempos de los fenicios, no sólo cazadores sino también gentes de las zonas costera en busca del esparto. Es en este momento histórico de la segunda mitad de siglo XIII. Cuando la  población excedente de  Granada que habían sido expulsados de otra regiones de la España cristiana, necesitados de tierras donde asentarse con sus familias, ocupan la falda sur de la cordillera Penibética. Sus sierras: Serranía de Ronda, Montes de Málaga,  Sierra Tejeda, Almijara y las Alpujarras granadinas y almeriense se transforman en espacios de acogida para estas gentes. Son terrenos que necesitan una gran transformación para ser acondicionados a la agricultura. Están apartados de las vías de comunicación que pasan por la costa hacia Málaga y por el valle de río Vélez- paso de Zafarralla, hacia Granada. Es lugar de llegada y no de paso.
 Estos musulmanes  llegan a este lugar en grupos familiares, tal vez todos ellos emparentados en sus territorio de origen del cual fueron expulsados. Buscan un asentamiento que les permita la subsistencia, construyen sus humildes viviendas agrupadas en pequeños pueblos. En ellos, construyen castillos, baños públicos, mezquitas y alminares molinos y hornos. Queman el bosque, roturan el campo y sobre sus cenizas construyen terrazas escalonadas que podrán de esta forma  ser regadas. Las aguas que desde la sierra bajan hacia el mar a través de arroyos son conducidas a estos bancales o “kakies” como ellos les llaman. Mediante una red de acequias  bien estructurada.
 El producto estrella a sembrar será la morera que alimenta al gusano de seda. En lo que respecta a Sedella, en el año 1572, se hace un censo de pie de moral  junto al nombre de sus ciento diez propietarios y se contabilizan aproximadamente cuatro mil pies. Ello me hace pensar  que en la primavera y verano el reguerío  que se extiende en torno a la villa, era una gran mancha verde en el centro de la cual, sobre unas lomas que se unen por el norte y se abren hacia el sur, se erguía  un pueblito de humildes casas agrupadas, cuyas calles confluían en un arrollo que corre entre las dos lomas. Este arrollo era el centro de la villa. En él se encontraba el alminar desde el cual el muecín o almuedano llamaba a la oración, la mezquita, los baños públicos, y un lavadero. A sus espaldas sobre una peana rocosa  un altivo castillo lucía orgulloso sus murallas torres y almenas.  Aún se puede observar en el paisaje restos arqueológicos de lo que  hace mucho años fue refugio en época de  de invasiones.
Los libros de Apeo escritos hacia el año 1572 hacen referencia a esta fortaleza de la que dicen que se encontraba muy arruinada. Este castillo tenía en este tiempo la misión de defender   y servir de refugio a las villas  situadas en la alta Axarquía.  Su último alcaide, Melchor Pérez, nombrado por su Majestad Felipe II recibía de éste ochenta mil maravedíes para su mantenimiento. Este dinero se sustraía al fin para el cual se destinaba y se quedaba en Granada lugar en donde residía el tal Melchor Pérez, de apellido judío. Tales hechos están denunciados en los libros de apeo por si su Majestad tenía a bien tomar carta en el asunto.
 Cercanas a este arrollo se encontraban las casas más señoriales de la villa, que tanto en época de moriscos como después de la repoblación, pertenecían a   la clase dirigente . Todas estas casas alojaban en sus bajos, en la primera planta la caballeriza y tenían su huerto anexo que se ha conservado  tal cual hasta nuestros días.
Esta clase dirigente que desde 1492 se hace con el control de la villa, está formada por tres beneficiados o clérigos, un sacristán, un capitán, el alcaide encargado del castillo y de la defensa del territorio próximo y varios cristianos viejos que se asientan con sus familias.
  El alminar de nuestra mezquita no tuvo la relevancia artística de aquellos otros que  se construyeron en Salares, Árchez  y Corumbela en la segunda mitad del siglo XIII. También hay que pensar que estas villas no tienen castillo y de esta forma se pudieron desviar los medios económicos y los esfuerzos hacia las construcciones religiosas.